3 de Enero de 2007
Teatro de frontera: vida propia, lengua nuestra
Texto escrito por Gabriel Trujillo

 

La colección editorial “Teatro de frontera”, impulsada por la Universidad Juárez del estado de Durango y el Conaculta-Fonca , dio inicio en 1996 y para 2003 lleva ya publicados nueve volúmenes que compendian la dramaturgia de autores de la talla de Jesús González Dávila, Hugo Salcedo, Medardo Treviño y Antonio González Caballeros, entre otros. Su más reciente volumen, Teatro de frontera 9 (2003), está dedicado a la obra teatral de Ángel Norzagaray (La trinidad, Sinaloa, 1961, pero cuya trayectoria como director escénico y dramaturgo se ha dado en Mexicali, Baja California, desde 1983, cuando se hizo cargo del taller universitario de teatro de la UABC ).

En este volumen se recopilan seis obras de Norzagaray, que van desde Mexicali a secas (1988) a La balada de Miguel Chivo (2003). Enrique Mijarez, su presentador, asegura que Ángel es “uno de los nombres emblemáticos del movimiento teatral norteño, esto es, un hombre de teatro comprometido con su región, que interpreta a su comunidad, interactiva con su público y escribe desde la geografía, el clima, la política, la violencia, la tradición, en síntesis, desde la realidad que le rodea”. En buena forma y junto con el reconocimiento recibido en mayo de 2003 por la Comedia francesa en París, nuestro autor recibe con este libro la categoría que su trabajo como director teatral y actor había soslayado: el de uno de los mejores dramaturgos nacionales de su generación.

En Teatro de frontera 9 están representadas las aristas más filosas del teatro norzagaraiano: la frontera como comedia de enredos, la política como asesinato encubierto, el poder como traspaso de propiedad, el humor como balance y contrapeso, la picaresca como modus vivendi, como manual de sobrevivencia, lo popular que es hijo del siglo de oro español y la vida como sueño que es homenaje a la matria querida, al lugar de donde se es y al sitio al que uno pertenece por hábito, por costumbre. Teatro fronterizo no sólo por los personajes, la trama o el escenario sino por el habla misma, por el lenguaje saltarín que nunca se queda quieto y nunca pide permiso para transformarse, para decir las verdades de nadie y las mentiras de todos, para darle veracidad al mito y respaldo a la leyenda:

Saurino: He visto cosas simples, y cosas que la gente ni se imagina. Chistosas y horribles. Vi casarse a la indocumentada con el gringo, ella de blanco acá y el de frac allá, dándose el beso entre la malla de alambre. Partidos de voleibol he visto, con un equipo gringo y uno mexicano, pelota binacional y la cerca como red. Muertos, muchos muertos que sigo viendo, pero la gente no me cree, gente que se murió en medio del desierto porque no quiso abandonar el ajedrez de mármol que llevaba de Puebla a Nueva York. O congelado, pero sin soltar los coricos, las semitas que traían de Sinaloa y que llevaban a Sacramento. Vi encallar en la arena una virgen de Guadalupe de Talavera, y ahí quedó como capilla vigilante para once cadáveres. Vi una vez un santo, pero no de mármol, no de madera, no de cartón, un santo real, un mártir de verdad, un muerto de atrás que se les apareció vivo como en un ahora, a unos paisanos, los ayudó, los llevó de la mano a donde había agua y trabajo. Sí, de veras. Les pidió nomás que le llevaran como agradecimiento una veladora a San Toribio Romo allá por Jalisco. Cuando llegaron a cumplir la encomienda, casi se mueren, el famoso santo resultó ser el mismo que los había salvado, sólo que llevaba más de setenta años muerto; cosas así. Vi una vez una rondalla completa cruzar de ilegal para ir a dar serenata a Caléxico y regresarse a Mexicali esa misma noche. Y muertos, les digo. Unos gringos cabeza rapada que se juntan para cazar ilegales, tremendas armas, tremendo odio; y los matan, o los encierran como animales en unos hoyos que hacen cubiertos de ramas, para que nadie los vea. Cosas así.

Cuando se leen estas obras en estricta cronología, lo que salta a la vista es que los temas a los que Ángel Norzagaray regresa una y otra vez son los del desplazamiento que ocasiona una percepción equivocada de la realidad: se da por muerto alguien que está vivo, se da por hecho la protección de la policía o la seguridad del poder sin que sus personajes, como en toda tragedia antigua, se percaten de su fragilidad, de sus días contados. Este es un teatro que nos propone contarnos las viejas historias de ciegos conduciendo a otros ciegos al abismo; el del hijo pródigo-Ulises, que es la saga del que abandona su matria y se vuelve un ser distinto antes de hallar el camino de regreso al país natal, al pueblo que es suyo por derecho de añoranza; un tema aparte es el de la comunidad que canta sus cuitas y anhelos a la manera de Brecht: la injusticia y la impunidad son aquí las alcahuetas de la sociedad, los demonios sueltos que gritan a mitad de la noche. Esperpentos que bailan la danza de la muerte como si nada importara sino pasarla bien, seguir siendo el rey entre las ruinas del mundo, entre los engranajes de un negocio que sólo cambia de dueño pero jamás se permite un descanso. Para Norzagaray, clásico entre los clásicos, la realidad es apariencia y revelación a un mismo tiempo, espectáculo barato y parodia repetida hasta volver irreconocible la frontera entre bien y mal, vida y muerte, orden y caos; sueño y vigilia:

Puesto que el mundo está al revés,
ya nada es lo que es.
Las cosas no son lo que aparentan:
Los laicos le besan el anillo al Papa.
Las cosas no son lo que aparentan:
Los polis le besan la pistola al narco.
Las cosas no son lo que aparentan:
Los altruistas trafican con limosnas.
Las cosas no son lo que aparentan:
Los que lavan resultan los más puertos.
Las cosas no son lo que aparentan:
Las señoritas devienen prostitutas.
Las cosas no son lo que aparentan:
Las putas resultan más leales.
Las cosas no son lo que aparentan:
Los narcos son muy caritativos:
Las cosas no son lo que aparentan:
Los empresarios construyen con usura.
Puesto que el mundo está al revés,
Ya nada es lo que es.

Todos los temas anteriores se resumen, en la obra de Norzagaray, en un homenaje a la ciudad que le ha comido el seso con sus calores y lo ha embrujado con el río seco de sus espejismos deslumbrantes. Y no hablo de Mexicali como metrópoli real sino de Mexicali como metáfora de una ciudad de paso que se ha vuelto, para nuestro dramaturgo, en puerto seguro, en trampolín creativo, en plaza propia para inventar el mundo, para traducirlo en diálogos raudos y precisos; en personajes paradójicos que oscilan entre la luz y la sombra; en situaciones que llevan a la incertidumbre y a la carcajada, al pastelazo y al tiro de gracia. Su tema fundamental es el coro comunitario, la vida en multitud, el tianguis del perpetuo chisme, el templo de la divina desproporción, como aparece retratado, con nitidez y malicia, por el dj Norzagaray en Mexicali a secas , al tomar en préstamo textos de varios autores para delinear lo que es habitar la frontera norte de México, lo que es saberla hacer a pura voluntad, a puro aguante:

Se escucha música de bar. En la cantina las muchachas bailan. Los batos, vestidos a la usanza chola, rolan. Hay refuego, amago de pleito por las rucas. En medio de la música, el texto de Jesús López Toledo, dicho por parroquianos y prostitutas.

-Así fuimos llegando a Mexicali de todos los rincones de nuestro país.
-Atraídos por el alto porcentaje que por vida cara se pagaba a los trabajadores burócratas y por el posible hecho de pasar al otro lado, de contar con buenos carros y aparatos eléctricos, los cuales, allá de donde veníamos, sólo los ricos podían tener.
-Y desde siempre había sido así, hasta cuando el martillazo de los setentas que nos dieron en la frente, Mexicali dejó de ser el punto de llegada y meta de tantos soñadores, para convertirse en un punto de paso hacia el todavía inextinguido paraíso de los dólares.
-Nada nos es ajeno en Mexicali.
-Todo lo que en el otro lado existe, aquí lo tenemos y hasta mejorado, pues qué caray: corrupción, inmoralidad, honestidad, profesionalismo, robos, amor, venganza, fraudes, y todos los etcéteras habidos y por haber.
-Como humanos tenemos muchos defectos, pero también muchas virtudes…
-Pero de ellas, que hablen los que ven con otros ojos, para no caer en vanidades y egolatrías.
-Mexicali se dobla con la crisis, pero no se quiebra.
-Sí, porque la crisis nos hizo volvernos más a lo nuestro.
-Dejamos el carmín, el taid, el armor ol, los yak in da bax, el cameo y de anza, el dov y el sezt, para volver al pétalo, al palmolive, la manteca inca y el aceite sarita, el chorizo del chapeado y al pozole, y al menudo del chapultepec…
-El bucannans, yoni woker etiqueta negra y el ol par pasaron a formar parte de la historia para darle su lugar a las coronas, superiores, presidentes y don pedros orgullosamente nacionales.
-Nos volvimos borrachos domésticos, pues ya no nos quedó para ir a los bares, y las coperachas para la reunión en casa de los amigos se ha vuelto lo cotidiano.
-No, pues sí, la crisis no fue tan mala después de todo.
-Mexicali, se dobla con la crisis, pero no se quiebra.
EL ANARCO: y de los lenones que regentean a las muchachas, coludidos con policías y autoridades, ¿de eso no vamos hablar?
TODOS: Sáquese ya, no dé lata. Cállese.
EL ANARCO; ¡Ah! Nunca me dejan hablar, nunca me dejan hablar, nunca me dejan hablar…

Ángel Norzagaray, al contrario de muchos otros escritores norteños (desde Daniel Sada a Federico Campbell, desde Eduardo Antonio Parra a Ramón Castro López) he decidido no ser un hijo pródigo. Sus obras se traducen al francés y su compañía de teatro, Mexicali a secas, anda de gira artística por México y el mundo, pero Norzagaray ha decidido no venderse al centralismo mexicano sino promover una cultura nacional desde la periferia bajacaliforniana, norteña, fronteriza. De ahí que Teatro de frontera 9 revela, como dice Mijares, “una personalidad poderosa, combativa, que no se detiene para proferir verdades y gritar denuncias, sin frenos ni cortapisas, en estricta fidelidad a la comarca… innovando las estructuras, abriendo los mensajes, proponiendo opciones, diversificando, los códigos de lenguaje, privilegiando la polisemia”.

Por eso, esta sexteta de obras sirve para un propósito mayor que la simple publicación de un dramaturgo de peso pero que seguía, hasta hoy, prácticamente inédito: el de poner a disposición de los grupos de teatro nacionales y extranjeros una obra polifacética, divertida, crítica, jocosa, trágica, heredera del lloro y del aferre de nuestra condición humana; la obra de un dramaturgo excepcional que ya es tiempo de poner en escena más allá de las versiones originales del autor. La mejor respuesta que este libro merece es que devolvamos sus textos al escenario, a la auténtica patria que es suya porque en ella lo milagroso siempre está por suceder. Al leer este libro uno intuye que el teatro mexicano es, hoy por hoy, la suma del trabajo creativo de dramaturgos como Ángel Norzagaray, creadores que han decidido pelear desde la periferia, hacer crecer la vida desde sus extremos para bien de una nación que es muchos países, distintos mundos, incontables universos. Todos los cuales nos pertenecen por vida propia y lengua nuestra. Esa es, sin duda, su lección más valiosa y duradera. Su mejor carta de presentación como dramaturgo hecho y derecho.

 

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