A-Saltos
PRD: Definiciones
Columna publicada el día 13 de Abril de 2008, en los diarios La Crónica de Mexicali, Baja California y Frontera de Tijuana, Baja California.
Por Ángel Norzagaray
Hará cosa de un mes, escuché en un programa de TV a una prominente perredista (si tal cosa existe en Baja California) aseverar que Jesús Ortega pertenecía a una corriente del perredismo nacional que se había entregado al gobierno calderonista; para ella eso era clarísimo y, por lo tanto, no debía por ningún motivo ser el próximo dirigente de esa agrupación política. Si tal cosa sucedía abandonarían al PRD y tomarían medidas drásticas al respecto, como abandonar al partido y formar otro que siguiera la línea de Andrés Manuel López Obrador. Me pareció aberrante tal declaración en boca de alguien que estaba participando en un proceso electoral, democrático. ¿Para qué participa, pensé, si ya tiene el nombre del ganador y no está dispuesta a que sea otro?
Actitudes como la descrita es a las que alude Jesús Ortega en su artículo publicado para Excelsior el jueves de esta semana. Ortega abre un debate interesantísimo sobre el derrotero que debe seguir el perredé y los vicios que lo atenazan. En lugar de entrarle a ese debate, los sectarios amarillos optarán por el linchamiento. La acusación fácil de vendido, tibio, moderado, caerá sobre él. Así, podrán sacarle la vuelta a lo realmente importante: ¿Devino la facción Amloísta en una suerte de estalinismo que manda a juicio a quienes no se amparan en el pensamiento único dictado por el Gran Hermano para mejor eliminarlos? ¿Se parapeta esta izquierda en frases, personajes y actitudes del siglo 19 mexicano-descontextualizándolas- para explicarse el 21? ¿Es así una izquierda conservadora, intolerante, profundamente reaccionaria que se niega al diálogo, a la confrontación dialéctica y prefiere el dictamen del líder en lugar de la deliberación y los acuerdos consensuados?
Los ejemplos que pone Ortega en su largo como claridoso ensayo son evidentes y son -ahora sí- un deslinde definitivo sobre lo que representan las corrientes en disputa al interior del PRD. La corriente de Ortega que cuenta con el aval de un buen grupo de diputados y senadores y la de López Obrador apoyada por otros tantos legisladores. La primera cree que en el debate de las ideas y no en la autoexclusión está el triunfo y el avance de la izquierda moderna. Los segundos piensan que abrirse al diálogo es “hacerle el caldo gordo al poder” como se decía antes. Esta divergencia es fundamental y en ella estamos implicados todos los mexicanos simplemente porque los segundos toman acciones que nos llevan al baile a todos; desgraciadamente, como en sus premisas está asumir que tienen la razón sin más, nos han excluido también de ese diálogo y han decidido imponerse por la vía de la fuerza física. Sin ánimo de desilusionar a mis amigos de izquierda, no puedo sino recordarles que tomar por asalto un congreso elegido en las urnas, es el primero paso a una dictadura. En esa brega, hay muchos mexicanos que no estamos dispuestos a seguirlos. Quizás mi identificación con el ensayo de Ortega provenga de verificar que sus argumentos coinciden en todo con la crítica hecha a esas actitudes en este espacio durante muchos años. Las cosas no cambian.
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