A-Saltos
La Maestra
Columna publicada el día 5 de Abril de 2008, en los diarios La Crónica de Mexicali, Baja California y Frontera de Tijuana, Baja California.
Por Ángel Norzagaray
La maestra es limpia, la maestra es pura, la maestra es una idealista, la maestra es una luchadora por la democracia. La maestra llora, gime, se queja porque la calumnian, porque la enlodan, porque perviertien su alta encomienda de sacar adelante la educación. La maestra ve maleducados a los medios de comunicación que la cuestionan. La maestra no pidió a Hacienda el privilegio de no pagar impuestos sobre los privilegios que tienen ella y los suyos. La maestra firmó un documento donde claramente pide que se le de ese trato privilegiado, pero la maestra invoca un testigo de honor para lavar su honor y borrar con palabra divinas su firma y las palabras del tal documento: Cartens es ese Dios que desde las alturas de su telcel dice a la prensa con voz tronante que la maestra es limpia, que la maestra es pura, que la maestra es una idealista, que la maestra es una luchadora por la democracia que no pidió lo que pidió, ni firmó lo que firmó, ni mandó el documentó que mandó.
Y la maestra agradece a Cartens y llora y gime porque ella no quiere ser recordada como cacique, ni como corrupta, ni como chantajista, ni como mercenaria electoral, sino como aquella mujer idealista que tumbó al cacique Jonguitud, como la intelectual que formó parte del grupo San Angel, como la humilde profesora querida que creció luchando por su gremio. Y la maestra muestra a los medios su medianía económica republicana que se resume en una humilde pulserita que le regalaron los maestros que tanto la quieren y que ni siquiera es de oro sino de esa misma fantasía que ella invoca para que la recuerden.
Porque la maestra es linda y no le bastan sus propiedades en San Diego, sus casas y departamentos en el DF, su mítico maletín repleto de efectivo que pasean sus íntimos aliados por la cámara de diputados por lo que se ofrezca para resolver los problemas. No, no es suficiente, la maestra quiere ser vista como el rostro nuevo de la educación pero elige la peor metáfora porque las fotos que se desprenden de la rueda de prensa complotan en su contra: Sus ojos ya no le obedecen, se le insubordinaron con base en bisturizasos y mientras el izquierdo ve hacia su parchado pasado de luchadora social, el derecho se inclina hacia una insaciable sed de poder y de dinero; rostro fiel a la deformidad de su biografía, rostro viejo, vejado por las intervenciones.
LLorando, la maestra pide que la despojen de ese rostro que es ya máscara, esfinge, momia y que la vean como la portadora del renovado rostro de un México mejor. Ha roto la maestra todos los espejos de la autocrítica y le suplica a los periodistas que le devuelvan por escrito las palabras que la mala del cuento pedía para sus fechorías: con ellas confeccionará esa cara nueva que promete: "Sí maestra, tú eres la más bella del mundo, la más limpia, la más pura; una idealista, una luchadora".
La maestra, la maestra, la maestra Elba Esther. !México: Qué país!
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