A-Saltos
AMLO-Rajoy- Labastida
Columna publicada el día 29 de Marzo de 2008, en los diarios La Crónica de Mexicali, Baja California y Frontera de Tijuana, Baja California.
Por Ángel Norzagaray
Previo a las elecciones recién ocurridas en España, me encantó ver el debate sostenido por José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, candidatos del Partido Socialista y del Partido Popular respectivamente.
Rajoy sostuvo la campaña de verdades a medias y grandes mentiras contra Rodríguez Zapatero y el actual Gobierno español a quien quiere hacer ver como alcahuete de la banda terrorista ETA, entre otras lindezas. Corrió el riesgo de una oposición irracional y al final perdió las elecciones.
La opinión pública –cualquier cosa que esto sea- lo declaró perdedor de los debates sostenidos. Esto fortaleció la imagen de Zapatero quien al final se alzó con la victoria. Lo importante de este proceso firmemente democrático es que Rajoy llevó la oposición de una forma oficial e hizo escuchar su voz desde el VIII Congreso Español donde es calificado como "el principal líder de la oposición".
Más allá de aquellas voces que ponen en duda su continuidad en ese cargo, lo cierto es que un liderazgo que moviliza tal cantidad de votantes no puede ser votado al exilio político interno una vez que no logra la mayoría de sufragios. No. En España no es así, pero en México, sí.
Esta situación es la que manda al congelador a Labastida cuando triunfa Fox o AMLO cuando gana Calderón. Oficialmente López Obrador no es nada; o es espurio en todo.
No es líder de la bancada de su partido en el congreso puesto que ni siquiera es diputado, no es presidente de su partido y tiene que manipularlo a trasmano y actualmente no es candidato de nada aunque ya ande de nuevo en campaña. Un rasgo esquizofrénico más de nuestro sistema político que no ha logrado ahondar en sus reformas.
Por ello es que López Obrador se tiene que buscar un espacio por la vía de la provocación o de la creación de figuras que lo posicionen al margen de la ley, como esa cosa de presidente legítimo que pretende meterlo al ámbito ejecutivo con un nombramiento patito, o esa otra de un Frente Amplio Progresista para que haga las veces de congreso federal con votación a mano alzada en plazas públicas; frente que en otras ocasiones sirve como sucedáneo del Partido político que no dirige oficialmente.
Así, mientras Mariano Rajoy puede debatir con el ejecutivo español desde el Congreso y con una representatividad seria, "El Peje" se ve precisado a lanzarse a la plaza pública al grito de "un debatito con quien sea por el amor de Dios". Y por supuesto, resulta risible que exija un debate con el presidente de la república sobre el asunto energético, cuando esas cosas se debaten en el congreso donde AMLO no es nadie, no es nada. Por supuesto que el presidente está impedido para debatir con quien oficialmente no es nada. AMLO lo sabe y juega con eso para allegarse un espacio y una posición en el mercado político que no tiene legalmente. De ahí la paradoja del "espurio" que le grita tal calificativo a otro cuando se calza el mote como anillo al dedo es el propio gritón.
En suma: La famosa reforma del Estado debiera subir como prioritario el destino de los candidatos derrotados para encauzar hacia el bien de la nación esos liderazgos evidentemente sólidos. Insisto: Después de perder las elecciones, Rajoy pasó a ser líder del Congreso y presidente de su Partido. ¿Y Labastida? ¿Y López Obrador?
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