A-Saltos
Elección perredista
Columna publicada el día 22 de Marzo de 2008, en los diarios La Crónica de Mexicali, Baja California y Frontera de Tijuana, Baja California.
Por Ángel Norzagaray
Mientras en Baja California los diez perredistas en activo que conforman diecisiete corrientes que a su vez conforman veintitrés tribus, no lograron ponerse de acuerdo ni para registrar a todos los candidatos a la presidencia de ese Partido -para una elección ganada de antemano por Abraham Correa-, a nivel federal la cosa está que arde entre Chuchos y Pejistas (Alejandro Encinas).
Han caído el hablador y el cojo, para regocijo de los calderonistas que pueden ver desde la barrera cómo operan electoralmente aquellos que acusan al Gobierno federal de ser producto de unas elecciones sucias. Otra vez lo del comal que se verá ridículo si insiste en seguir tiznando a la olla.
Arturo Núñez, árbitro mayor del proceso electoral interno, priista de cepa converso al perredismo cuando el santón Madrazo lo abandonó a su suerte, ha declarado que el perredismo está en crisis; no era necesario decir tal obviedad, pero se agradece el reconocimiento oficial para que no se "hagan bolas", como diría Salinas, su antiguo jefe.
Lo único positivo que podemos sacar de esta riña callejera, de este pleito de cantina (todos estos calificativos han sido acuñados por prominentes perredistas) es el deslinde claro de las posiciones de cada facción (porque a estas alturas nadie dudará de que los perredistas pueden ser llamados así: Facciosos).
El deslinde fundamental es aquel que tiene que ver con la inversión en Pemex sin perder soberanía. Mientras que AMLO no quiere (al menos eso declara hoy, cuando ayer decía exactamente lo que hoy dice Felipe: Inversión en áreas no estratégicas, sin perder soberanía, previo saneamiento de la burocracia de Pemex y limpia de corrupción) que los veneros que nos escrituró el diablo sean tocados ni con el pétalo de una inversión que no sea estatal, y para ello está dispuesto a paralizar el país, el Gobierno federal de la mano del priismo y de no pocos perredistas, están dispuestas a permitir la inversión privada, sin vender el subsuelo.
Ese deslinde, prosigo, se acaba de dar de manera clara y contundente cuando los chuchistas han dicho que no van con la propuesta del Peje y que se suman a la de Cuauhtémoc Cárdenas, más cercana a la del Gobierno federal. Independientemente de lo que piense cada lector, en el tema de la Reforma Energética –como en otros temas fundamentales para el desarrollo del país- la claridad es fundamental. Los Chuchos han dicho ya que tienen una visión diferente sobre el futuro de México, que no tiene que ver con movilizaciones y huelgas legislativas. Considerando que muchos de quienes forman esta corriente son legisladores, pues es bueno saber de qué parte estarán a la hora de las votaciones. Esto le abre el camino a la Reforma y coloca a los Chuchos del lado de quienes detienen el cerco de seguridad que los pejistas intentarán derribar con afanes de linchamiento y al grito de "traidores". La apuesta de López Obrador es clara: Posicionarse a través de la confrontación. Le funcionó en el pasado. Tiene sus riesgos para él y sus seguidores, pero es clara y sabemos los mexicanos a qué atenernos. La apuesta de los Chuchos, lo mismo. Lo importante es manifestarlas con claridad. Así están ya las cartas sobre la mesa. Es lo único bueno que los mexicanos hemos sacado hasta hoy de la elección perredista que ha resultado patética.
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