A-Saltos
Mariano Otero: Gendarmería y ejército.
Columna publicada el día 1 de Marzo de 2008, en los diarios La Crónica de Mexicali, Baja California y Frontera de Tijuana, Baja California.

"Cuán funesta ha sido a la paz de la Republica
y a la conservación de la libertad ese sistema que
reunió los deberes del ejército con las atribuciones
la policía."

Diputado Mariano Otero, octubre de 1842.

Por Ángel Norzagaray

Aunque no se nos escape el contexto actual, aunque sepamos que los tiempos han cambiado, aunque nos quede claro que el policía de hoy (a quien don Mariano llama gendarme) no es el idílico cuidador de la sociedad que él pinta, ni el ejército está ahora en constante alerta y guerra contra las potencias extranjeras, lo cierto es que las palabras de don Mariano Otero para oponerse a la inclusión del ejército en asuntos que atañen al poder civil, es un pieza retórica y conceptual impecable que puede ser ejemplo para reabrir con seriedad el debate sobre el tema, en estos tiempos de narcoviolencia y corrupción policial. Por ello citaré textualmente unos párrafos de su argumentación con la conseja de invitarlos a una lectura del texto total:

“El gobierno (civil) ejecuta, hace efectiva su administración, desciende a los pormenores, se roza con cada ciudadano; y esta acción la más palpable, la más frecuente y la más inmediata es la que la caracteriza en las masas y la que le imprime un carácter peculiar, de donde resulta que el poder se caracteriza por la clase o naturaleza de dos agentes, y para que haya en él unidad se requiere que el poder que ejecuta sea de la misma clase que el que manda.

Consiguientemente, juzgo que la policía, es decir, la existencia de una fuerza puramente civil que proteja la seguridad privada, es un requisito indispensable, una condición sine qua non de la administración civil.

Trastórnese estos principios y resulta lo que debe ser: el soldado que en una sociedad bien organizada apenas hace sentir su presencia, cuando atraviesa las calle con silencio, que no molesta ni hostiliza a nadie, que considera a sus compatriotas como a sus protegidos y no afila su sable más que para el enemigo extranjero, es grande y noble: el amor de sus conciudadanos es su gloria y nunca los tratará como a enemigos. Pero si a ese soldado lo hacéis custodiar las prisiones, vigilar al delincuente, batirse con él en los caminos, presidir las reuniones públicas y herir en ellas a sus conciudadanos porque se atropellan o gritan, ese hombre dejará de ser soldado para convertirse en corchete: cambiará la gloria por la crueldad, confundirá al enemigo extranjero con su compatriota inerme, y recibirá odio en vez de amor.

He aquí un grande inconveniente, un mal mayor de lo que a primera vista parece, porque él no sólo altera las relaciones más naturales entre el pueblo y sus defensores sino que continúa desnaturalizando las que debe haber entre el ejército y el gobierno, entre la autoridad civil y la militar (…) El ejército quiere luego dirigir y mandar y para ello destruye la autoridad civil y la usurpa después, con lo que se consigue, en fin, esa unidad entre el que manda y el que ejecuta; pero se consigue violando todos los derechos, confundiendo todos los principios y estableciendo el gobierno militar…..”

He aquí un extracto, demasiado grande quizás para los espacios de una columna, pero demasiado poco para que quepa en él la extensa y clara explicación de don Mariano Otero. Leedlo todo; os vendrá bien para imprimirle claridad conceptual al debate.

 

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