A-Saltos
Mariano Otero Hoy
Columna publicada el día 23 de Febrero de 2008, en los diarios La Crónica de Mexicali, Baja California y Frontera de Tijuana, Baja California.
Por Ángel Norzagaray
El cumplimiento del pacto federal nunca ha sido cabal. Cuando veo a nuestras autoridades ir y venir al DF, buscando exprimir la teta donde Hacienda retiene las contribuciones para jugar con ellas y distribuirlas según el antojo presidencial o el cabildeo clientelar de nuestros diputados, confirmo lo dicho en la primer línea de este escrito.
Retomo hoy el tema simplemente porque me impactó sobremanera el discurso de Mariano Otero pronunciado en 1842 frente al Congreso. En él habla precisamente sobre los peligros presentes en la naciente Constitución; uno de esos peligros era la indefensión en que quedaban los estados (llamados entonces Departamentos) de la República frente al poder central: “Nuestra grande y nuestra verdadera dificultad está en fijar los límites del poder general y del poder que se deje a cada sección de la República para sus necesidades interiores. Todo lo demás de aquí dimana”.
Más de ciento cincuenta años después, Mariano Otero se nos presenta como un visionario. Los peligros que avizoraba se han venido cumpliendo sobre el cuerpo de la república que de federal no tiene sino el nombre, siempre mancillado por el todavía omnipresente poder central.
Cuando vemos los mecanismos discrecionales mediante los cuales se distribuye a los estados de la nación la lana de los excedentes petroleros, por ejemplo, o la imposición de las tarifas energéticas desde las oficinas de Hacienda, pareciera que el discurso de Otero que desmantela y denuncia el manipuleo mañoso de las rentas para maniatar a los gobiernos locales privándolos del sustento o negociándolo a cambio de sumisión, fue escrito el día de hoy: “Los pueblos descubrieron que su libertad estaba en relación directa de su influencia en el sistema de Hacienda(…) de modo que mientras al poder general se le da cuanto pueda necesitar, al otro se le deja en tutela y sin derecho propio. Mientras esto sea así, el uno no tendrá más recursos que los que el otro quiera y estará siempre a su disposición, siendo vana y quimérica toda idea de independencia”. Así es.
Lean por favor este discurso: Es de hoy, es para hoy; es para pensar en lo que hemos sido, en como venimos siendo hasta llegar a ser lo que somos el día de hoy. Actualísimo. Y déjenme advertirles que en la próxima entrega citaré de forma textual la gran argumentación de Otero en contra de que la milicia haga labores de policía. Puede uno estar de acuerdo o no en esa operación antidelincuencia, pero nadie, en estos tiempos que corren, aquí en Baja California, ha argumentado esa negativa de manera tan puntual, clara, explícita, respetando a las fuerzas armadas y respetando a la sociedad civil, como lo hizo hace más de siglo y medio don Mariano. Esos eran diputados, no remedos, porque tenían conciencia de que “la palabra legislador es para recordar la memoria de los grandes hombres que han fundado las naciones poderosas. Ya verán, ya leerán. Ya.
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