A-Saltos
Cárdenas Batel en Los Pinos
Columna publicada el día 9 de Febrero de 2008, en los diarios La Crónica de Mexicali, Baja California y Frontera de Tijuana, Baja California.
Por Ángel Norzagaray
La lucha al interior del Partido de la Revolución Democrática para ocupar la presidencia está en su punto más alto. Finalmente a eso se remiten los golpes del propio AMLO contra Ruth Zavaleta quien no apoya las intenciones de El Peje de volver presidente del PRD a Alejandro Encinas.
Hay que decir, entre paréntesis, que su correlato en Baja California es francamente penoso, pues a primera vista parece haber más candidatos a presidir ese instituto político en el estado que militantes. El jaloneo es penoso porque la cobija es diminuta y deshilachada y no puede proteger a uno, menos a tal cantidad de suspirantes. Pero en algo ha de contar para la causa nacional la lucha autóctona puesto que por aquí anduvo esta semana el mismísimo presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de diputados, Emilio Ulloa, haciendo su pepena de votos para la tribu de los llamados Chuchos.
Y estos últimos parecen llevar la delantera en la lucha nacional ante los esfuerzos estériles de AMLO por aglutinar un grupo único encabezado por él mismo y llevando de alfil al dicho Encinas. Sus seguidores ya amenazaron: Si pierden, se salen del PRD y forman otro partido. Estos exabruptos están siendo bien manejados por quienes se salen del lema amlista de “no hay más ruta que la nuestra”.
En ese contexto y para deslindarse tajantemente de las actitudes de Andrés Manuel López Obrador es que Lázaro Cárdenas Batel se reúne en Los Pinos con el presidente de México, Felipe Calderón. Ninguna necesidad hay de esta reunión cuando el todavía gobernador de Michoacán está a unos días de entregar el cargo. Lo hace porque quiere dejar claro que su visión no es la de “El peje”, que es institucional y sabe y reconoce a quien es presidente constitucional del país; quiere dejar claro que se puede trabajar como oposición sin que signifique entreguismo; quiere dejar constancia de que tal actitud ante la legalidad y frente a las instituciones federales es premiada por la ciudadanía y la prueba está en que el entregará la estafeta de gobernador a otro perredista.
Son pues, dos fuerzas antagónicas dentro del mismo perredismo: Los que no están dispuestos a trabajar institucionalmente porque lo consideran una traición a sus principios y los que creen que no significa traición a nada el hecho de apegarse a la constitución y al pacto federal. Es una apuesta claramente delimitada. Primero los militantes perredistas y después la ciudadanía en general habrá de decidir cuál ruta es la que decidirá apoyar.
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