A-Saltos
Maciel
Columna publicada el día 2 de Febrero de 2008, en los diarios La Crónica de Mexicali, Baja California y Frontera de Tijuana, Baja California.
Por Ángel Norzagaray
Murió el padre Maciel. No se fue en olor de santidad sino en olor de impunidad. Conocidas sus aficiones de pederasta y morfinómano, fue protegido por diversos papas y demás jerarcas religiosos quienes consideraron que era mejor pasar sobre la dignidad de los feligreses atropellados que exponer a la iglesia a un escándalo. Falso afán, puesto que finalmente el escándalo los alcanzó sin que pudieran paliar un poco el dolor de quienes sufrieron en su infancia el acoso sexual o la franca violación del fundador de Los Legionarios de Cristo.
Paradójicamente, el carismático Juan Pablo II no estuvo dispuesto nunca a someter a juicio a quien fundó tantas escuelas para usarlas como serrallo para hacerse por ese camino de su cuota de efebos, a quienes deslumbraba con su jerarquía y su roce internacional o amenazaba con su aura de intocable.
Y cuando llegó el tiempo de expulsar el dolor, cuando los adolescentes de antaño devinieron señores respetables y valientes, dispuestos a hablar con la esperanza de encontrar esos oídos píos que la iglesia dice prestar a los desposeídos, encontraron la sordera y el desprecio.
Ahondando en la paradoja, se esperaba que el guardián de la doctrina de la fe, Ratzinger, sería más insensible que su antecesor por más dogmático, pero –para sorpresa de muchos- no fue así: Al menos tuvo el gesto de sacar de circulación a Maciel y confinarlo a la oración. Si en ese trance de contrición Maciel fue honesto le ha de haber sabido a tortura ese enfrentamiento con su pasado.
Las argumentaciones para no juzgarlo por sus pecados, apelaban a la vejez. Mismo recurso usado con Pinochet. Mismo usado para defender a Echeverría; hasta el propio Fidel Castro se acaba de acoger a esta triquiñuela en su reciente confesión de que se volvió dictador vitalicio por error de juventud. Mira, mira, qué cómodos. El mensaje: Tu delinque y déjale tu impunidad al tiempo.
Muchos encubrieron a Maciel. Entre esos se encuentra Martha Sahagún quien lo usaba como intermediario ante el papa para agilizar la anulación de su matrimonio. Finalmente su impunidad no fue total porque al menos la opinión pública lo bajó del pedestal de santo que se autoerigió y lo puso a ras de suelo como lo que era: Un pederasta. Libro hay que documenta sus atrocidades. Obra de teatro que escribió Paco Prieto –Felonía- donde el autor indaga, desde la ficción, sus tortuosidades. Y hasta este humilde escribidor habilitado como dramaturgo, lo imaginó burlando infantes en su juventud en una obra que se estrenará en Caracas en el mes de marzo. Algo es algo.
Yo le deseo que descanse en paz, pero si las proyecciones de la iglesia sobre lo que pasa más allá de esta vida –según seas bueno o malo- son ciertas, no creo que la paz y el cielo sean la residencia actual de su alma.
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